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Una vida dedicada al arte: Entrevista a Benito Renedo Mejía

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Por: Mexiquenses

Nace en la ciudad de Toluca en 1973, en medio de una familia dedicada a la restauración y decoración de iglesias y edificios arquitectónicos. Es creador plástico y escultor, también desempeñándose en la pintura, grabado, creación literaria y restauración. Estudió dibujo y pintura en la Escuela de Artes Plásticas al aire libre de la Casa del Lago de la UNAM, tiene una especialidad en restauración de esculturas en maderas doradas y policromadas, por la Escuela de Artesanías de Alta Precisión. Ha tenido por maestros a figuras como: Benjamín Domínguez, Fernando Cano Cardozo, Guillermo Espinoza, Edgar Sánchez y Hugo Armando Hernández. Ha sido partícipe de diversas exposiciones colectivas e individuales, entre ellas: Encuentro Estatal de Escultores en madera 1999; Segundo lugar en el concurso de Escultura Monumental en el municipio de Chapultepec, Estado de México 1999; la Exposición “De todo corazón” en el Centro Cultural Maximiliano Ruiz Castañeda en 2015 y la exposición “Retrospectiva ‘Desde el Corazón’, Obra realizada a lo largo de 25 años” en Toluca, 2017. Actualmente estudia la carrea de Psicología y desde 2001 se desempeña como restaurador de arte en la Secretaría de Cultura del Estado de México.

La restauración requiere de entrega y sobre todo mucha paciencia ¿Cómo fue crecer en una familia avocada al arte de la restauración y la imaginería?

Es muy curioso, la mayor parte de amigos o personas que conozco que se dedican al arte o a alguna área creativa, casi siempre lo hicieron a contracorriente, con la oposición de la familia, más aún con personas de mi generación. Siempre existe el estereotipo del creador muerto de hambre, entregado a los excesos, alcohólico, poco serio y sin compromiso. Para mí fue lo contrario, el ser un artista, o creador, como me gusta decirlo, era una parte cotidiana de mi vida, te puedo decir que prácticamente no recuerdo juguetes de mi primera infancia, pero si las herramientas del oficio, esas eran mis juguetes, pinceles, pinturas, cinceles, martillos, gubias, maderas, mármol, yeso, estaban omnipresentes en la casa, que más parecía un taller. Era mi obligación participar de la dinámica de trabajo, trabajar en toda forma, si había un proyecto en la ciudad o cerca de ella, tenía que acudir todos los días antes de la escuela, si el proyecto era fuera, mi padre me llevaba durante las vacaciones. Siempre tenía algo que hacer: moldes, vaciar piezas de yeso, lijar piezas de madera, pulir piedras o mármol, pintarlas. Era muy duro, aunque también fascinante, mi padre siempre estaba con libros de historia del arte, de arquitectura, de historia, él no fue a la escuela, se formó de manera autodidacta y con lecciones de su padre, una formación durísima, prácticamente desde niño entro a trabajar en la obra de la catedral de Toluca, ahí aprendió muchos oficios y artes; terminó siendo jefe de canteros y era el maestro de obras. Toda esa formación permeaba en mí, su rudeza, estaba acostumbrado a mandar a cientos de trabajadores. Llegué a aborrecer lo relacionado con el arte, para mí era un trabajo, y no una pose o una opción.

Entre amor y odio, por muchos años traté de alejarme del medio, pero al final ganó la vocación y la pasión por el oficio.

No mucha gente puede apreciar todo lo que implica un proceso de restauración, ya sean maderas, esculturas, pinturas y muchas más ¿Qué vivencias nos puede compartir sobre el arte de la restauración?

Realmente tengo muchas, aún antes de hablar ya me traían entre las obras dónde trabajaba mi padre, esas eran restauraciones de tipo inmueble, de edificios o monumentos, cuando laboras en ese tipo de lugares, terminas siendo un poco como ellos, difícil de entender, como de otra época, un alma vieja. El dialogar con ellos, primero como iguales, o hasta como enemigos. De niño pase cosas terribles trepado en andamios, en las alturas sufría, era peligroso, pero después al ir comprendiendo lo que implicaba la realización de una obra de esas magnitudes y los oficios, artes y conocimientos que confluían en ella, todo cambiaba de sentido, del miedo y el odio iba a la admiración y respeto, una veneración. Cuando leí la novela “Notre Dame de París” me sentí como parte de la historia, buena parte del libro se refiere al diálogo del edificio con los espectadores a través de la escultura, la pintura, la arquitectura y como tiene una relación con la época y la política. Eso aplica en todas las artes, ese diálogo establecido entre el creador y el espectador incluso trascendiendo el tiempo. Ahora me dedico más a las obras llamadas “muebles” que significa que no está adosada a un edificio o estructura de manera fija: pinturas de caballete, esculturas, objetos históricos, prehispánicos o étnicos, prácticamente todo lo que te puedas imaginar. Ha sido un privilegio ir y hacer mi labor como restaurador, conoces a personas y lugares sorprendentes, de una manera prohibida a la mayoría de la gente, desde dentro de las instituciones, e incluso desde dentro de la obra misma. Te cuento solo como un pequeño ejemplo, que tuve la experiencia de tener en las manos obras y objetos como las banderas originales de la colección del castillo de Chapultepec o estar en los talleres de restauración de la zona arqueológica de Teotihuacán, poder examinar y en su caso intervenir obras de los más famosos y reconocidos creadores del Estado de México de todas las épocas. Y siempre aprendiendo.

De entre las diferentes disciplinas del arte que practica, ¿por qué se identifica más con la escultura?

Es el primer amor, seguramente porque también era lo que más veía en la casa, muchas veces de niño me tocó ir con mi padre a las canteras de Michoacán, Querétaro y aquí en el estado, a buscar la piedra exacta que se necesitaba para una escultura o piezas ornamentales. Conviví con viejos maestros canteros, que eran enciclopedias vivientes del oficio, los veía forjar su herramienta, cinceles, los trucos del oficio, la fuerza que implicaba domar la piedra, escuchar sus historias, de todo tipo, buenas y malas. Luego cuando conocí y supe de Miguel Ángel, ya sabes, él es sinónimo del artista total y perfecto, yo me sentía como él. Fue lo primero que desarrollé, las habilidades para la escultura. Me pareció siempre algo monumental y de almas y cuerpos fuertes, es increíblemente pesado y cansado realizar una escultura, sobre todo de la manera clásica, por eso son tan pocos los escultores en relación a pintores, grabadores o dibujantes. Y vender escultura es aún más difícil. Ahora y por lo mismo hago poca escultura, a no ser por encargo y como parte de un proyecto de restauración. A veces tardo años en concluirlas. Además, empleo técnicas de hace siglos, sobre todo en la madera. Soy en ese sentido, más artesano del oficio.

¿Cuáles han sido los momentos más importantes en su desarrollo como artista a lo largo de su trayectoria?

Pues, en primer lugar, cuando decidí dedicarme de tiempo completo y de por vida a esto, por gusto, por una necesidad que no pude dejar de lado, eso como a los 22 años. Prácticamente he hecho de todo, destaco algunos hechos, una época cuando hacía proyectos monumentales de talla en madera, obras efímeras, algunas de ocho metros; llegué a trabajar en la playa en Zihuatanejo, a la orilla del mar, o en lo alto de un cerro que daba a la bahía, me sentía pleno, libre y realizando mi sueño. Cuando he realizado o dominado alguna técnica, por ejemplo, cuando hice la especialidad de estofado y dorado, restauración de esculturas policromadas. Ahí se plasmaba toda mi experiencia, saber y pasiones artísticas, escultura, talla, pintura, historia del arte y espiritualidad. Otro momento clave en mi vida fue hace unos cuatro años, tenía una crisis existencial muy fuerte, incluso tomé terapia y medicamentos para superarla, la famosa crisis de la mediana edad, y el enfrentamiento con todo lo que quería ser de joven y lo logrado, otro cliché del artista es que, para sentirse como tal y exitoso, pues lo contrastas con parámetros estereotipados, la fama, el dinero, los divorcios o el número de parejas que has tenido, los escándalos. Cuando te das cuenta de que la realidad es diferente, viene un shock y la frustración. A mí me pasó y fue difícil superarlo, con ayuda del terapeuta lo entendí o más bien, lo asimilé, artista es el que crea arte y lo disfruta, si puedes vivir de él ya es un triunfo, y es tan caprichoso y voluble el modo en que algunos los bendice la fortuna. En fin, hace cuatro años me hice una gran exposición, a mi gusto, con mi obra, de todas mis épocas que pude reunir o recuperar para el evento, invité a mis más queridos amigos y familiares, no faltó nadie, tomamos bastante vino y lo disfruté como enano. Me supe artista y plenamente realizado.

¿Cuáles son los proyectos de restauración e imaginería más importantes o memorables en los que ha participado?

Son tantos, El Museo Virreinal del Estado de México, el Museo de Bellas Artes de Toluca, la obra prehispánica del museo arqueológico de Teotenango, por mencionar algunas. En Metepec con los compañeros del taller restauramos obviamente con directriz del departamento de restauración, el púlpito de la iglesia del Calvario.

¿Qué lo motivó a estudiar la carrera de psicología y cómo lo ha relacionado con la escultura?

Es un anhelo de vida, un proyecto de mi juventud. Cuando hace cuatro años me hice mi “graduación” como creador plástico, me di mi propio crédito a mis esfuerzos, y el chance de hacer pendientes que no me dejaban tranquilos. Otra pasión mía es la literatura, leer y escribir. Así que me inscribí en el diplomado de creación literaria, lo disfruté muchísimo, sin obligación, sin pretensiones o las expectativas de un muchacho, “las ansias de novillero” diría mi amigo Huante. Los desvelos, lecturas, tertulias y discusiones con personajes geniales, como el recientemente desaparecido Gordo Iglesias, el maestro Roberto. Concluí y después de eso viendo que mientras hay vida hay modo, quise continuar con mi camino y experiencia de conocer y conocerme, siempre me gustó la psicología y los abismos del alma, sufrir en carne propio la depresión, la ansiedad, o la de los demás. Otra etapa de mi vida fue un periodo espiritual, incluso me enrolé como misionero, así como Van Gogh, otra de esas recurrentes crisis existenciales, cíclicas. El mundo puede ser tan hermoso como una pintura de Sorolla o tan terrible y deprimente como los personajes de una novela de Milán Kundera. La psicología es, según yo, un punto medio entre la ciencia y la espiritualidad, y su material de trabajo es el alma y el cerebro del ser humano.

Y en la obra propiamente, pues si una escultura, o pintura o cualquier otra, no tiene su componente “metafísico”, filosófico, no pasa de ser una buena o mala lustración.

Como artista local ¿qué considera que falta en Toluca y en el Estado de México para impulsar el gusto por el arte entre la gente?

Mucha promoción, una promoción en todos niveles, oficial, independiente, ver al arte y la cultura como algo tan importante y necesario como la comida, la salud, física y mental. Mayor profesionalismo y seriedad de parte de los autores, un compromiso con el oficio. También un cambio en los organismos oficiales de cultura, un cambio real, no solo de nombres.

Ahora se comenta mucho como la pandemia que vivimos nos ha hecho ver qué tan imprescindible resulta el arte y la creación en todas sus formas, meses de aislamiento y encierro, dónde el juicio y cierta paz y equilibrio mental solo son sostenidos por el arte en forma de una película, una obra de teatro, la música, la literatura, incluso los memes o las sátiras que al fin y al cabo son formas de creación.

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