De las promesas a la verdad; retos de la 4ta transformación para cumplir con las expectativas de los mexicanos

Por: Paola Molina Noguera 

Las elecciones del pasado primero de julio que dieron como ganador a Andrés Manuel López Obrador con el 53% de los votos, marcan el inicio de un nuevo escenario en la forma de comunicar de la nueva administración, sostenida en un electorado que según estudio del Pew Research Center, en un 92% se sienten insatisfechos con la democracia en México y sólo 11% de los mexicanos confía en los partidos políticos (Latinobarómetro 2018).

Un voto dominado por la emoción, antisistema, que expresó el castigo a la corrupción, a la violencia y la desigualdad, con las expectativas fijadas en cambios inmediatos, demanda una estrategia de comunicación que genere confianza, conecte con las emociones y logre transmitir credibilidad.

Es así como, dos de cada tres mexicanos consideran que con López Obrador como Presidente mejorará la seguridad, la economía y la política en el corto plazo, es decir, en su primer año de gobierno, mientras que un 14% considera que los cambios en esas áreas deben verse en los primeros tres meses de la nueva administración y un 61% en el primer año, según datos de Consulta Mitofsky (Julio 2018).

Asimismo, una encuesta de Gabinete de Comunicación Estratégica de noviembre 2018 mantiene la tendencia y el 63.3% considera que el Presidente tiene capacidad para resolver los principales problemas del país.

Pero ¿a qué se enfrenta el nuevo gobierno en términos de comunicación? De entrada permeó la frase durante la campaña de “estaríamos mejor con ya sabes quien”, lo que representa un primer reto en temporalidad, porque la sociedad espera soluciones y cambios rápidos. Una de las principales demandas es el castigo a la corrupción, donde cerca del 90% de los mexicanos espera que haya justicia contra los políticos que cometieron actos de corrupción y también la gran mayoría de sus electores espera que baje el precio de las gasolinas, se acabe con la burocracia y se dupliquen las pensiones a los adultos mayores.

Por ello, el principal objetivo del Presidente debe ser mantener la empatía con su electorado, saber comunicar las medidas y políticas antipopulares con mensajes que reduzcan el impacto negativo en su imagen, debe mostrar resultados tangibles y soluciones reales que sean percibidos por la sociedad, ya que el papel de victimización queda en el pasado inmediato. Con mayoría en la Cámara de Diputados y Senadores no queda espacio para que pueda endosar culpas a otros actores, pues tiene en su poder realizar todos los cambios que considere necesarios.

Es por ello, que ante decisiones en los últimos días que han levantado la protesta de diferentes sectores como universidades, agentes de cultura, ambientalistas, gobernadores y sociedad en general, sobre todo en los concerniente a la propuesta de Presupuesto de 2019 y al desabasto de combustibles, se ha recurrido al argumento de “errores de transcripción”, “errores de dedo” y “errores de estrategia o planeación”, para dar reversa o mantener a decisiones que repercuten directamente en sus niveles de aprobación y popularidad.

Por tanto, ¿qué retos tiene el Presidente de México en la manera de comunicar para mantener altos niveles de aprobación? En primer lugar, seguir dominando la agenda mediática como lo ha hecho desde el momento en que fue electo, toda vez que así ha conducido a que la oposición sea reactiva a sus decisiones y poco propositiva en sus mensajes. En segundo lugar, debe pasar del discurso de campaña al discurso de gobierno, pues si sigue aludiendo a hechos del pasado y a la búsqueda de culpables, se alimentan más promesas y expectativas en los ciudadanos.

También debe plantearse un discurso más incluyente ahora que gobierna a más de 120 millones de mexicanos y no solamente a sus electores, toda vez que se maneja una comunicación polarizante en las formas y en los hechos. En suma, no puede mantener un discurso desde el papel de opositor, ni seguir privilegiando la comunicación simbólica que le es rentable solo para mantener la confianza de sus apoyos y evitar que la imagen de los funcionarios del gobierno y de los poderes públicos que domina, interfieran en la propia imagen del Presidente.