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Reseña “Estados Nerviosos” de William Davies

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Título: Estados Nerviosos. Cómo las emociones se han adueñado de la sociedad

Autor: William Davies

Año: 2019

Edición: México, Sexto Piso

Páginas: 345

Hace unos días, el presidente Andrés Manuel López Obrador dijo que era el segundo mejor presidente del mundo. No hay ningún dato que corrobore los dichos del mandatario, sin embargo, las pasiones se desataron, primero con sus detractores y después con aquellos que lo apoyan. No hay espacio para la duda, las redes sociales coadyuvaron para que la razón se ausentara del debate público y abriéramos la puerta a las pasiones políticas, con todo el riesgo que eso implica.

También hemos visto la forma en la que las personas reacciones a videos virales sobre detenciones hechas por la ciudadanía, las pasiones desnudan a una sociedad que clama justicia y al no encontrarla en las instituciones la toma por mano propia, escondiendo tras de sí una forma de venganza que aún no sabemos cómo vamos a detener, ni mucho menos sabemos contra quien está dirigida.

Detenernos un momento para pensar en la forma en la que las emociones se apoderan de la democracia en occidente es la invitación que nos hace William Davies en Estados Nerviosos.

El libro está dividido en dos grandes apartados, el primero de ellos lleva por nombre El declive de la razón, un título sugerente y provocador para arrancar la disertación.

Los datos dejan de ser relevantes, si se es el mejor mandatario del mundo no importa en sí mismo, lo que importa es la cantidad de personas que lo creen, lo celebran y son capaces de defenderlo, “si las muchedumbres son importantes es por la profundidad del sentimiento que atrajo a tanta gente a la vez a un lugar”. La cuestión política de fondo es saber quién o qué atrajo a tantas personas al mismo tiempo, la multitud no es necesariamente negativa, sin embargo, cuando la unión se da a partir del odio o de algún sentimiento similar, la democracia y el juego institucional se pone en riesgo, eso es lo que mantiene a los Estados en este permanente nerviosismo.

Pensar que este “ascenso” de las emociones a la discusión pública es responsabilidad del populismo es uno de los errores que más se cometen al momento de hacer análisis, la sinceridad de las emociones que se pueden encontrar en las multitudes lo que permite cierto grado de cohesión de las masas, algo que escapa del entendimiento de los tecnócratas y de las élites gobernantes. Esto es importante porque el declive de la razón significa el declive en la confianza que se depositaba en la tecnocracia, es decir, los expertos dejaron de ser ajenos a la política y responden a ella. La consecuencia es que las personas ya no confían ni en ellos, ni en sus datos, es más “¿los números siguen diciendo la verdad?, ¿continúan representando las cosas como son? La respuesta depende en gran medida de cómo se presenta y a quién. La credibilidad de la estadística y la economía tiene profundas consecuencias políticas a la hora de ver cómo alcanzamos el consenso sobre el gobierno de la sociedad”.

Al final de este primer apartado, Davies lanza una advertencia importante, mientras mayor es el clamor contra las élites, las democracias se acercan a la violencia y una vez llegados a ese punto, hay más instrumentos e instituciones que se convierten en armas.

El segundo apartado es El auge del sentimiento. La paz era el objetivo de los estados, por ello, la economía, la estadística y en general el conocimiento científico buscaba organizar a la sociedad en torno ella, hoy “la formulación de los conflictos políticos, culturales, y económicos como <<guerras>> es trascendental… En lugar de la estricta separación entre guerra y paz postulada por Hobbes, hay una progresiva militarización de la política. Y en lugar de la estricta separación entre mente y cuerpo defendida por Descartes, está la imagen de un ser humano provisto de instintos y emociones”.

Pero ¿cómo es que los políticos conocen las emociones que están permeando en la sociedad? La respuesta parecería obvia, nosotros, a través de las redes sociales nos encargamos de entregarles esa información. Como señala el autor, hay una creciente industria de empresas cuyo objetivo es hacer estudios de mercado que, con ayuda de la inteligencia artificial, permitan conocer las emociones de los consumidores. De esta forma, la democracia se convierte en mercancía y el votante deja de pensar en un proyecto en común para entregarse al consumo de emociones, “la línea divisoria entre cómo nos sentimos ante las cosas y cómo pensamos racionalmente sobre éstas se ha ido difuminando ininterrumpidamente, algo que se ha visto acelerado por la proliferación de dispositivos cada vez más inteligentes y sensores en nuestros entornos físicos”.

La reflexión final sobre la forma en la que utilizamos el lenguaje como arma y no como herramienta sirve para entender que debemos desechar del espacio público el lenguaje bélico-burocrático, como lo llamó Hannah Arendt, de lo contrario, las emociones actuarán a favor de la guerra y no de la paz, que era el objetivo de los estados modernos.

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