Política folk: hacia una crítica al EZLN


Por: Antonio López

Los zapatistas son parte del folklore mexicano,
no son una amenaza para nadie.
Slavoj Žižek

El primero de enero de 2019, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional cumplió 25 años de ser parte de la vida pública de México. Como en cada aniversario, los zapatistas no perdieron la oportunidad para manifestar su inconformidad sobre los proyectos que amenazan la vida de comunidades originarias del país. En este caso, celebraron 25 años de resistencia, a la vez que manifestaron su descontento con el nuevo gobierno y, dentro del comunicado que publicaron, había una reacción en contra al proyecto del llamado “Tren Maya”.

Apenas los medios de comunicación retomaron las declaraciones del EZLN y las críticas en redes sociales no se hicieron esperar, insultando a los zapatistas con desconocimiento sobre sus orígenes y lo que representan.

En ese contexto se enmarca este texto que pretende exponer una crítica al EZLN, no desde las razones que se manifestaron en redes sociales (“son un invento de Carlos Salinas”, “han estado ausentes ante temas sensibles como Ayotzinapa, Atenco”, entre otros, “son afines al Partido Revolucionario Institucional”, etcétera), sino desde la teoría política, en especial, desde el concepto expuesto por Nick Srnicek y Alex Williams: Política Folk.

1.- ¿Qué busca el EZLN?

Los comentarios vertidos durante los primeros días del año en redes sociales contra el EZLN no sólo estuvieron llenos de odio -algo común en las discusiones entre quienes apoyan completamente al nuevo gobierno y aquellos que disienten de algunas de las decisiones que se están tomando- sino que, en general, estaban plagadas de desconocimiento sobre las causas que este movimiento ha acompañado a lo largo de 25 años de resistencia.

Uno de los señalamientos más desconcertantes para quienes hemos seguido la lucha que se ha llevado a cabo desde el sureste mexicano, es aquel que acusa al Ejército Zapatista de Liberación Nacional de ser una invención del ex Presidente Carlos Salinas de Gortari; esta afirmación sorprende porque el movimiento indígena le estalló en las manos al ex mandatario, además, lo que buscaban uno y otro son cosas completamente opuestas, por un lado, Carlos Salinas es recordado como el máximo impulsor del neoliberalismo en México, mientras que el Ejército Zapatista nace como un movimiento de resistencia a ese modelo económico, político y cultural, así lo muestra en varios de sus comunicados, como éste, que se publicó en 1996:

Durante los últimos años, el poder del dinero ha presentado una nueva máscara encima de su rostro criminal. Por encima de fronteras, sin importar razas o colores, el Poder del dinero humilla dignidades, insulta honestidades y asesina esperanzas. Renombrado como «Neoliberalismo», el crimen histórico de la concentración de privilegios, riquezas e impunidades, democratiza la miseria y la desesperanza. Una nueva guerra mundial se libra, pero ahora en contra de la humanidad entera. Como en todas las guerras mundiales, lo que se busca es un nuevo reparto del mundo[1].

En este párrafo, el subcomandante insurgente Marcos (ahora Galeano), apunta al que será el enemigo del movimiento: el modelo neoliberal. Desde el origen del zapatismo ellos lo tenían claro, el verdadero rostro del neoliberalismo es la desigualdad y sus consecuencias son perversas, desde el despojo, el hambre, la miseria, hasta la muerte. Franco Berardi “Bifo” (2014), acusa que el modelo neoliberal está centrado en la violencia, hoy, la palabra competencia resulta familiar, cotidiana y para muchos inofensiva, sin embargo, se debe advertir que eso no está bien, que detrás de la competencia lo que existe es violencia y guerra. Berardi utiliza a Deleuze y Guattari y recupera una idea de Mil Mesetas, en donde se señala que hay fascismo en donde se esconde una máquina de guerra en cada rincón y concluye que bajo esa lógica, “el neoliberalismo es la forma más perfecta de violencia” (123).

Esto lo habían advertido los zapatistas en sus comunicados desde que aparecieron en la vida pública en 1994, y por ello, la lucha de los zapatistas es contra la guerra neoliberal y a favor de la vida, el respeto y la dignidad de las comunidades originarias.

Desde el inicio, la intención de los indígenas chiapanecos no fue tomar el poder, sino derribar eso que llamaron “el muro neoliberal”. Al principio invitaron a personas de otras latitudes, sin importar qué idioma hablaran, la clase social, el sexo o la preferencia sexual, lo que realmente se deseaba era organizar y después comenzar la destrucción de ese muro, sin embargo, con el paso de los años la lucha comenzó a cerrarse y la desesperanza se apoderó de algunos milicianos, al menos así parece mostrarlo el comunicado que celebra los primeros 25 años de lucha zapatista: “se los digo claro compañeras y compañeros bases de apoyo, compañeros y compañeras milicianos y milicianas, así lo vemos, estamos solos como hace veinticinco años”[2].

En esta declaración hay una queja, los zapatistas están solos frente a ese muro y parece que nada podrá derribarlo, esa es justamente una de las críticas que se pueden hacer al EZLN desde la política flok: su soledad.

2.- Política Folk como crítica al zapatismo

En su libro Inventar el futuro. Poscapitalismo y un mundo sin trabajo (2017), Nick Srnicek y Alex Williams inician con una crítica a la izquierda, primero a los partidos políticos y después a los movimientos sociales radicales que terminan en una especie de bunkers de resistencia. La crítica resulta interesante porque expone en un solo recorrido muchos de los espacios en los que se pueden ubicar los errores más comunes de los movimientos de izquierda, pero ¿qué es la política folk y por qué serviría para construir una crítica al EZLN? En primer lugar, según los autores, la política folk “es un conjunto de supuestos estratégicos que amenaza con debilitar a la izquierda, volviéndola incapaz de crecer, generar cambios duraderos o expandirse más allá de los intereses particulares” (17). ¿Acaso esas tres condiciones no parecen suficientes para construir una crítica constructiva al movimiento zapatista sin caer en las descalificaciones que ignoran una resistencia de 25 años?

En primer lugar, se puede decir del zapatismo que, a pesar de que se expandió rápidamente en los medios de comunicación, parece que nunca tuvieron una intención real de hacer crecer la resistencia y, a partir de ello, cambiar las condiciones planteadas bajo el modelo neoliberal. Los ejemplos de esto sobran, pero hay uno muy claro, cuando Evo Morales ganó la Presidencia de Bolivia, invitó a los zapatistas a asistir a su toma de protesta, sin embargo, declinaron. A pesar de ello, el mandatario reconoció la lucha y señaló que le debía al Subcomandante Marcos la enseñanza bajo la cual están organizados los zapatistas: “mandar obedeciendo”, misma que iba a ser un eje en su gobierno. Ese reconocimiento hubiera sido un buen pretexto para iniciar una organización que superara los límites de Chiapas y del país, sin embargo, fueron y han sido incapaces de hacer crecer su resistencia, ellos mismos lo aceptan:

Salimos a despertar al pueblo de México y al mundo, solos, y hoy veinticinco años después vemos que estamos solos, pero sí fuimos a decirles, en muchos encuentros lo hicimos, ustedes lo saben, compañeras, compañeros, ustedes fueron testigos, fuimos a despertar, fuimos a decirles a los pobres de México, del campo y la ciudad. Muchos no nos hicieron caso, algunos sí están organizándose, esperemos que sigan organizándose, la mayoría no nos hicieron caso[3].

Esa incapacidad no supone ningún fracaso, los avances en las comunidades son notables, pero desde una crítica a la izquierda, que se encuentra avasallada por el neoliberalismo, sí es una limitación que impedirá que algún cambio se dé en el actual modelo dominante.

Por otro lado, si somos duros con el EZLN, lo cierto es que más allá de las comunidades zapatistas, no han conseguido ningún cambio duradero, es decir, muchos de los problemas que enunciaron desde el inicio como el racismo, discriminación, pobreza, etcétera, son cosas que siguen estando presentes en el país.

En cambio, sí le debemos al EZLN que haya puesto en la agenda pública la necesidad de reconocer a los pueblos originarios y que se hayan convertido en una especie de autoridad moral, sin embargo, nada más ha pasado, como señala Slavoj Zizek (2014), los zapatistas ya no son una amenaza para el establishment “ahora que ya no es una amenaza para nadie, todo el mundo los adora. Todos los políticos dicen <<es bonito tener a estas honestas personas diciéndonos qué hacer, pero nosotros vivimos en el mundo real, así que alguien tiene que hacer el trabajo sucio” (148).

Por último, el Ejército Zapatista también ha sido incapaz de expandirse más allá de sus intereses particulares, es decir, más allá de un movimiento indigenista. Como señalé anteriormente, sí hay clínicas de salud que han mejorado las condiciones de vida en los centros comunitarios zapatistas, sí hay educación incluyente, también han conseguido eliminar prácticas que generan violencia como el tráfico de drogas o armas, han disminuido la desnutrición infantil, entre muchas otras cosas, pero no han conseguido que otros sectores de la población, al menos, en el país, se sumen a la causa de fondo que es la lucha contra el modelo neoliberal.

El hecho de que no hayan podido lograr que otros sectores sociales y no sólo el indigenismo se sumen a su causa, los ha convertido en un movimiento que apunta al localismo.

3. A manera de conclusión.

A lo largo de 25 años, el zapatismo ha tenido logros importantes para sus comunidades, sin embargo, frente a sus intenciones y las metas que se pusieron en sus inicios hay demasiadas cosas que pueden ser criticadas. Aquí se enunciaron sólo tres que responden  a problemas comunes de la izquierda en el mundo, como su incapacidad para crear redes globales de resistencia, la imposibilidad de mantener cambios de larga duración fuera de sus comunidades y la torpeza para sumar intereses diferentes a los del indigenismo.

Sin duda, los errores u omisiones de la izquierda global en general y del EZLN en particular no se quedan ahí, falta hablar de la horizontalidad con la que pretender discutir sus temas, el miedo a poner en la agenda pública una moral que permita mejores condiciones de vida, entre otros. Pero es claro que las críticas y los reclamos que se pueden y deben hacer al zapatismo parten de otros espacios y no de la crítica burda con la que se le lanzaron algunos seguidores del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

De lo que se trata es que esas izquierdas, institucionales y en rebeldía, puedan encontrar puntos de acuerdo para una agenda urgente que mejore las condiciones de vida de los mexicanos, principalmente de aquellos que más han sido agraviados por 30 años de neoliberalismo.

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Bibliografía

Srnicek, Nick y Alex Williams. 2017. Inventar el Futuro. Poscapitalismo y un mundo sin trabajo. Malpaso, Barcelona.

Berardi, Franco. 2014. La sublevación. Sur plus, México.

Zizek, Slavoj. 2014. Pedir lo imposible. Akal, Madrid.


[1] Primera Declaración de La Realidad. Contra el neoliberalismo y por la humanidad: http://enlacezapatista.ezln.org.mx/1996/01/01/primera-declaracion-de-la-realidad-contra-el-neoliberalismo-y-por-la-humanidad/

[2] Palabras del CCRI-CG del EZLN a los Pueblos Zapatistas en el 25 Aniversario del Inicio de la Guerra Contra el Olvido. http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2019/01/01/palabras-de-la-comandancia-general-del-ejercito-zapatista-de-liberacion-nacional-dirigidas-a-los-pueblos-zapatistas/

[3] Ídem.

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