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México fragmentado

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Los meses transcurridos del 2020 ha sido sin duda de los más turbulentos e inestables para México en muchos años, donde la intensificación de los movimientos sociales, particularmente el feminismo, la división ideológica del país, que indiscutiblemente ha sido promovida desde el discurso del actual gobierno, y como cereza del pastel, la pandemia, que agravó la situación económica, ya preocupante, por la que atravesaba el país a principios de año, han sido los principales factores que hoy tienen a la sociedad mexicana frente a un panorama lleno de incertidumbre.

Lo preocupante es que esto ha generado una mayor división y fragmentación social, así como confrontamientos más hostiles entre mexicanos defendiendo creencias e ideales u ofendiendo las de sus connacionales, y que, si bien sería ingenuo pensar que no ocurría, es la intensidad y el nivel de agresión al que se recurre para defender una postura hoy en día la que debe alarmarnos.

Pero ¿qué nos ha llevado hasta el punto en el que nos encontramos? ¿Quién gana cuando un mexicano odia a otro? Para intentar entenderlo habrá que desglosar algunos de estos elementos.

Pobreza y desigualdad

El primero de ellos es sin duda alguna la desigualdad social que azota al país. De acuerdo con la Medición de Pobreza realizada por el CONEVAL (2020), donde compara los datos de 2008 con 2018, la lucha contra la pobreza en el país ha tenido resultados paupérrimos, por no decir nulos, por ejemplo, en 2008 la población en situación de pobreza del país era de 49.5 millones de personas, alrededor del 44%, mientras que diez años después 52.4 millones de personas se encontraban en esta situación, equivalente al 42% de la población nacional. Una disminución de 2 puntos porcentuales en una década, poco menos que lamentable.

Resultados similares muestran otros indicadores, como la población con ingresos inferiores a la línea de pobreza extrema, que porcentualmente se mantuvo igual en el mismo periodo, siendo el 16.8%; la población vulnerable por carencias sociales (rezago educativo, sin seguridad social, sin acceso a servicios básicos, entre otros) pasó en 2008 del 32.3%, equivalente a 36 millones de personas, a 29.3% en 2018, es decir, 36.7 millones de mexicanos. La población no pobre y no vulnerable incrementó apenas un 3%, de 20.9 a 27.4 millones. En lo local, el Estado de México tenía en el 2018 al 79.6% de su población en situación de pobreza o vulnerabilidad, poco más de 14 millones de mexiquenses, disminuyendo 3.9%, en comparación con 2008.

Esto abonó el camino para el triunfo de MORENA en 2018, donde el discurso del ahora presidente, Andrés Manuel López Obrador, supo aprovechar de forma magistral, culpando al neoliberalismo de crear un México lleno de pobreza, evidenciando un modelo que por casi 40 años, desde su implementación en la década de los 80´s durante el gobierno de Miguel de la Madrid, no había mejorado en lo absoluto las condiciones de vida de los mexicanos; también logró capitalizar el descontento social que sexenios anteriores pasaron por alto.

Pero esta herramienta no quedó solo en los discursos de campaña, ni de la toma de protesta, sino que es hasta hoy la más efectiva y a la que recurre todos los días el presidente, propiciando el descontento de algunos y el fanatismo de otros.

Chairos vs. Fifís

Una vez que el gobierno morenista tomó el poder el ejecutivo federal dejó muy en claro para quienes gobernaba -contrario a otras gestiones que procuraban manejar mensajes neutros-, los pobres, el llamado pueblo sabio, de igual forma señaló y estigmatizó a quienes eran los privilegiados, la clase favorecida; esto no hizo otra cosa más que dividir la opinión pública, pues mientras los seguidores de la 4T comenzaron a acusar a sus opositores de traidores de la nación, los segundos calificaban al nuevo gobierno como una amenaza a la democracia y al país.

Este “debate” —si se le puede decir de alguna forma— que lleva más de dos años, donde todo argumento racional se ha tirado por la borda, dando todo el peso a respuestas emocionales, lo seguimos viendo todos los días en redes sociales, en muchas ocasiones dado que la agenda es dictada por el mismo presidente todas las mañanas en sus conferencias matutinas.

Ambas partes caen en lo absurdo e irracional, pues tanto es necesario dejar de hacer maromas y ejercicios de gimnasia mental para reconocer que muchas de las medidas y acciones tomadas por el gobierno no son las mejores ni han ayudado a los que más lo necesitan como prometió el presidente, al igual que los críticos deben dejar de alucinar con una pesadilla bizarra con la cara del presidente, el socialismo, el comunismo, el chavismo y todos los ismos de izquierda.

Esta polarización se puede apreciar mejor en las siguientes gráficas de la encuesta de Ideología y Aprobación Presidencial, realizada por Alejandro Moreno (2020), donde se ve que el nivel de aceptación de presidentes como Fox, Calderón y Peña de las personas con ideologías de derecha y centro era más alta, mientras que contaban con un niveles similares de desaprobación de ambos espectros ideológicos, pero con López Obrador sucede lo contario, situándose su mayor nivel de aprobación entre quienes se identifican con la izquierda.

Gráfica 1. Aprobación presidencial por ideología en cada sexenio.

Más recientemente ha surgido el movimiento social denominado como FRENA, o Frente Nacional Anti-AMLO, de principios conservadores y de ultraderecha, y aunque como todo movimiento social merece al menos ser escuchado, a todas luces se puede notar que está conformado en su mayoría por un sector de la sociedad privilegiado, que desconoce las situaciones de precariedad en la que viven millones y millones de mexicanos, siendo estos últimos la mayor base de apoyo para el presidente, y que ven en López Obrador la solución a todos los males. Al final, ninguno de los dos polos empatiza con el otro, ni está dispuesto a entablar una conversación con su contrario.

Feminismo y protesta social

El 2020 para el movimiento feminista en México ha sido uno de los años más importantes, probablemente en décadas, incluso llegando a denominarse la cuarta ola del feminismo por integrantes y externos al movimiento. Pero el impulso de arranque de este movimiento comenzó en 2019, con dos eventos importantes: el primero de ellos el movimiento #Metoo, que evidenció como nunca se había visto las situaciones de abuso y acoso sufridas por las mujeres de la sociedad mexicana de todas las clases sociales y en todos los ámbitos, tanto en universidades y escuelas, como en empresas e instituciones de gobierno, pero esto sólo fue el comienzo.

En agosto del mismo año después de la denuncia por abuso sexual de policías capitalinos a mujeres, una de ellas menor de edad y tras lanzar glitter al ahora ex secretario de Seguridad de la CDMX, Jesús Orta, los colectivos feministas convocaron a una manifestación que reunió a más de 2 mil mujeres de acuerdo con cifras de la policía capitalina, que dejó ver su desaprobación y repudio con actos vandálicos que, lamentablemente, fueron el recurso utilizado por la mayoría de los medios de comunicación para desacreditar al movimiento.

De enero a septiembre de 2020 ha habido sólo en la capital del país al menos una decena de manifestaciones feministas, desde la protesta “Zapatos rojos” en enero, pasando por el #8M en marzo, la marcha en contra de la no despenalización del aborto en el estado de Veracruz en julio y la más reciente el #28S en septiembre, sólo por mencionar algunos, la mayoría de ellos resultando en confrontamientos con la policía.

El movimiento feminista tiene en sus filas a mujeres de todas las edades y estratos sociales, sin embargo, su mayor base de apoyo se encuentra en mujeres jóvenes, de entre 20 y 30 años, aun así, tienen un alto nivel de desaprobación social, en su mayoría de la población masculina y de otras mujeres con frases como “ellas no me representan”. El porqué de este desagrado social hacia el movimiento debiera consternar al feminismo mexicano, y más si consideramos sus demandas, completamente válidas y necesarias, como lo es la lucha contra la violencia de género, la despenalización del aborto, la discriminación laboral, entre muchas otras agendas.

El choque ideológico y moral con el resto de la población, y entre mismas mujeres se debe bien en parte a las críticas por la forma de protesta del movimiento feminista, que como ya mencioné, ha sido utilizada para restar importancia a las agendas feministas, pero también dado que la gran mayoría de mexicanas y mexicanos siguen teniendo valores conservadores muy arraigados, mismos que se refuerzan en sus círculos sociales, y lo mismo pasa con las feministas, que suelen cerrarse a sus propios círculos. En ambos casos, limitarse a sólo escuchar a quien piensa igual no hace otra cosa más que crear burbujas ideológicas.

Un simple ejercicio estadístico muestra que, si consideramos a la población femenina del país, que ronda las 61.7 millones de mujeres, y en un supuesto que todas las mujeres de entre 20 y 30 años apoyasen el movimiento, resultaría en que el 17% de las mujeres de México lo respalda y apoya, el 8.5% de la población nacional. Estas cifras no significan, ni mucho menos determinan, que sea un movimiento pequeño, pero sí que su alcance no está cerca de alcanzar la magnitud y el potencial que tienen.

Un mayor apoyo social, una base más diversa y mayor de simpatizantes daría al movimiento feminista la fuerza que le falta para ejercer mayor presión y poner en la opinión pública y más importante, en la agenda política, los temas que defienden y promueven.

Pandemia a la mexicana

Finalmente, la pandemia por COVID-19, se suma a esta breve lista de factores que han recalcado los diferentes Méxicos que coexisten. Si bien podemos identificar a quienes respetaron la cuarentena y las medidas, y a los infectados por las fake news que no siguieron, ni siguen las indicaciones de salud para evitar los contagios, que desacreditaron toda labor tanto del gobierno como de otros ciudadanos para combatir la pandemia, ubicados principalmente en zonas urbanas, donde el uso de redes sociales es mayor, y es precisamente en estas plataformas donde exponen sus opiniones al respecto; no es este grupo el que ha marcado la mayor división social.

Con más de 800 mil casos confirmados a principios del mes de octubre la cuarentena vino a remarcar las diferencias sociales y la desigualdad de oportunidades, al dividir a los mexicanos entre quienes podían darse el lujo de quedarse en casa y quienes dependían de salir a ganarse la vida día con día exponiéndose no sólo al virus, sino a la crítica social. Mientras el gobierno mediante la voz del Subsecretario de Salud, López Gatell exhortaba a los mexicanos a no salir de casa, las medidas económicas que debió aplicar el gobierno llegaron demasiado tarde, millones de mexicanos no tenían otra opción que seguir saliendo a laborar, esto, sin contar los que han perdido sus empleos y han tenido que buscar otras formas de subsistir.

También el cierre de escuelas y guarderías evidenció un panorama muy adverso y preocupante para la niñez y juventud de México que en su mayoría carece de los recursos para tener una educación a distancia mínimamente aceptable, simplemente el acceso a la educación en un lujo para 20.7 millones de los niñas, niños y jóvenes que viven en situación de pobreza (CONEVAL, 2016).

A modo de reflexión

Este breve recuento de lo que ha acontecido al menos durante la última década en la sociedad mexicana nos muestra que, más allá de la falta de capacidad de los gobiernos que han pasado sexenio con sexenio, —que han representado muchos intereses, menos los de los mexicanos—, que a pesar del fuerte arraigo religioso de buena parte de la población;, y aún con las dificultades que atraviesa cada persona en el país día con día, es la falta de empatía la que seguirá desgastando a la sociedad mexicana hasta el punto, y aunque espero que no, de quebrarla.

Fuentes consultadas:

1 COMENTARIO

  1. Que impactante la narrativa de esta publicación además de lamentable que nuestra sociedad este perdida entre tantos sucesos. Agradezco poder compartir información importante y que puede provocar un cambio en las decisiones y/o posturas de los lectores

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