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Medidas a la medida: decisiones económicas

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Pedro Alfonso Sandoval Rivero

En 2018 la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) publicó su informe Panorama Social de América Latina 2018, los resultados eran alarmantes. En América Latina el 30.2% de la población vivían en situación de pobreza, alrededor de 184 millones de personas; de ellas 62 millones lo hacían en pobreza extrema.

En contraste, los países miembros de la OECD, entre los que se encuentran Canadá, Alemania, Suecia, Francia y Estados Unidos, presentan en su página de internet los indicadores de niveles ingresos, educación, salud, etc. Mientras en Latinoamérica millones viven en pobreza, en estos países el nivel de ingresos familiar, después de impuestos, es de 33 mil 604 dólares al año, alrededor de 2 mil 800 dólares mensuales.

Estos datos nos revelan una diferencia radical en el estilo de vida de cada sociedad, mientras para unos el poder ir al médico, tener servicios públicos, acceder a la educación o simplemente comer tres veces al día es algo cotidiano y normal, para otros es un lujo del que solo disponen algunos.

De igual forma esta diferencia impacta en los gobiernos, un país con mayor PIB, una economía más fuerte y una sociedad con ingresos medios y altos puede orientar sus políticas a sectores como industria, investigación y ciencia, salud, educación; mientras que un gobierno que tiene que atender a todo un listado de grupos vulnerables para poder brindarles el acceso a una vida digna, tendrá que destinar inevitablemente una cantidad, posiblemente alta, de su recurso a atender estas necesidades, ya sea mediante programas sociales, el subsidio en el costo de algunos productos o servicios, entre otras.

La crisis del coronavirus ha venido a acentuar esta brecha de desarrollo y oportunidades, y no solo por la capacidad de acción, tanto en materia económica y de sus respectivos sectores de salud, de cada país, sino también en las medidas económicas que han tenido que tomar para que sus naciones y ciudadanos no entren en una crisis de la cual después sea casi imposible salir.

Por ejemplo, Canadá, es uno de los países miembros de la OECD, con un PIB (2018) de 1.71 billones de dólares, cuenta con un sistema de salud de primer mundo, una economía sólida y las personas que viven en pobreza apenas superan el 10% de la población total. El gobierno canadiense ha declarado que entre las principales medidas que realizará están invertir en la investigación y desarrollo de vacunas, de alrededor de 3.17 mil millones de dólares y un apoyo a las empresas para aplazar el pago de algunos impuestos.

Mientras del otro lado del continente, en Bolivia, las medidas se concentran en programas sociales a las familias pobres del país y a los niños, como entregas de paquetes alimentarios o dinero, esto para que su situación ya precaria, no empeore.

Los ejemplos son varios, Francia impulsará, principalmente, los préstamos bancarios y el aplazamiento de rentas y pagos de servicios públicos para empresas, destinando para ello cerca del 14% de su PIB; Guatemala, uno de los países con mayor empleo informal, en cambio, destinará aproximadamente el 0.6% en el apoyo a PYMES, pero buscará el fomento económico de viviendas de bajos ingresos.

El caso de México es igual de complejo que el resto de los países, y las decisiones que el actual gobierno está tomando son repudiadas por unos y aplaudidas por otros. Pero la visión del presidente parece ser reducida respecto a quienes ayudar y quienes pueden, como se dice popularmente, rascarse solos. Somos un país con millones de pobres, pero también con cientos de miles de pequeñas empresas mexicanas, y para ambos el futuro está lleno de incertidumbre y miedo. Las medidas económicas definirán el rumbo de nuestro país, y solo podemos esperar que quienes las decidieron sean verdaderos visionarios y no meros políticos en búsqueda de reconocimiento político.

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