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Más allá de la paridad de género en las candidaturas

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Antecedentes

En México, desde que en 1955 las mujeres votaron por primera vez, cada década se ha logrado algún avance respecto a representatividad, derechos o libertades; cada conquista ha sido siempre producto de la lucha de las mujeres, compleja y llena de desafíos que van desde el reconocimiento del derecho de las mujeres a votar y ser votadas, hasta el establecimiento del principio de paridad en el registro de candidaturas con la reforma constitucional de 2014.

Sin embargo, no fue hasta junio de 2019 que, como resultado de las luchas de las mujeres y el compromiso de la primera Legislatura paritaria de la historia de México, se aprobaron reformas a la Constitución Política Mexicana para incorporar la paridad en todo, esto representa un logro sin precedentes para avanzar hacia una participación equilibrada de mujeres y hombres en los puestos de poder y de toma de decisiones en todas las esferas de la vida (política, económica y social), lo cual actualmente también se considera un indicador de la calidad democrática de los países.

¿Qué es la paridad de género?

La paridad es un principio y una regla constitucional, con criterios horizontales, que exigen asegurar la paridad en el registro de las candidaturas; y verticales, que impulsan la postulación de candidaturas de los órganos de elección popular y tienen como finalidad la igualdad sustantiva entre hombres y mujeres, con el objeto de que los derechos político electorales de las y los ciudadanos se ejerzan en igualdad de condiciones. (INE, 2021)

Entonces, la paridad de género se puede definir como un principio constitucional que tiene como finalidad la participación equilibrada, justa, y legal, que asegura que al igual que los hombres, las mujeres, en toda su diversidad, tengan una participación y representación igualitaria en la vida democrática de nuestro país.

Paridad de género en números

Según datos de las Naciones Unidas, en todo el mundo, en el año 2020 las mujeres ocupaban el 36% de los escaños electos en los órganos deliberantes locales, 10 puntos porcentuales más que su nivel de representación en los parlamentos nacionales.

A pesar del aumento constante en la proporción de escaños parlamentarios ocupados por mujeres, a partir de 2020, las mujeres ocupaban al menos el 50% de los escaños en sólo cuatro parlamentos nacionales. En general, pocas mujeres ocupaban puestos clave en los escalones más altos de las jerarquías parlamentarias, particularmente en los niveles más altos, como presidenta o presidenta de la Cámara. A partir de 2020, las mujeres ocupaban sólo el 20,5% de los puestos legislativos de alto nivel, un porcentaje todavía demasiado bajo para tener una influencia efectiva en la formulación de políticas. (Naciones Unidas, 2021)

Aunque se ha logrado un mayor avance de representación de mujeres en cargos de representación popular, aún existen grandes desafíos y obstáculos que limitan la participación de las mujeres en la política.

Obstáculos estructurales

Actualmente siguen existiendo obstáculos estructurales en la participación política de las mujeres: los partidos y los actores políticos que piensan que no son capaces de gobernar o que son muy sensibles para operar políticamente y, generalmente, prefieren a quienes son parte de su círculo cercano, el cual es mayoritariamente de hombres; muchas veces tienen que negociar sus planillas antes de registrarlas; se les acusa de no haber conseguido sus candidaturas por mérito propio, entre otros. (ONU, 2018)

Si bien se han logrado avances en la representación de las mujeres en el ámbito Legislativo, falta mucho camino por recorrer para obtener la paridad en el ámbito Ejecutivo. Existen diversas causas por las que la representación política de las mujeres en cargos ejecutivos ha sido menor que en cargos legislativos.

Una primera causa tiene que ver con las trascendencias de la legislación misma puesto que, al tratarse de cargos unipersonales, la ejecución de reglas de paridad no es tan visible como en el caso de los cuerpos colegiados.

En segundo lugar, los cargos ejecutivos, como es el caso de las gubernaturas, tienen mayor poder y libertad. A diferencia de los cargos legislativos, en los cargos ejecutivos se ejercen presupuestos considerables, se contrata personal, se realizan proyectos de obra pública. En consecuencia, hay una gran resistencia por parte los partidos, y de los propios titulares de estos cargos, por ceder espacios de poder valiosos a mujeres. Esto se traduce en que las disputas por cargos ejecutivos sean más competitivas y violentas que las legislativas.

Una problemática que se ha suscitado por buscar establecer la paridad de género radica en que los partidos políticos todavía se resisten a incorporar mujeres en sus postulaciones porque, en muchas ocasiones, estas candidaturas les generan un costo político que parece rendir pocos beneficios.

Postulación de mujeres en lugares con menor votación o “perdedores”

Si bien el tema de paridad ya está garantizado con el 50% de las candidaturas para mujeres y 50% para hombres, esto no garantiza que las mujeres tengan acceso a los cargos de poder. A partir de lo anterior se puede llegar a la conclusión de que existen más candidaturas a mujeres en sitios en donde, en función de la escasa votación precedente, puede resultarles más difícil tener una participación efectiva y consecuentemente acceder al cargo público, pues el partido no ha sido competitivo y, en la misma medida, les resulta más difícil materializar su participación ya que también se les limita la asignación de candidaturas en lugares más accesibles, lo cual aumenta las probabilidades de un triunfo dependiendo de lo cuantioso de los votos del partido político postulante.

Si queremos seguir avanzando hacia una igualdad sustantiva entre hombres y mujeres, es necesario transitar hacia una nueva política de protección y ejecución de acciones progresivas y más focalizas; un nuevo objetivo podría ser garantizar la postulación de mujeres en ciudades importantes en donde se aumenten las probabilidades de ganar; sin embargo, esto no garantiza el éxito en las urnas, pero sí cambia la percepción que tienen los ciudadanos, partidos políticos y actores políticos hacia las mujeres en el ámbito de la política, ya que contribuye a revertir los roles y estereotipos de género que existen en cuanto a la capacidad de las mujeres para gobernar y dirigir.

En resumen, cumplir con la paridad de género independientemente de cual sea el resultado, emite un mensaje claro hacia los militantes del partido, hacia sus simpatizantes y, en general, hacia la ciudadanía, de que la candidata es apta para ocupar un puesto político importante.

Consideraciones finales

Si bien la paridad de género sirve para equilibrar la representación política entre las mujeres y hombres en México, no cabe duda que, como mecanismo de vía rápida que pretende acelerar cambios sociales, no tiene la capacidad de modificar las conductas sexistas, por lo cual no asegura una plena igualdad entre los géneros.

Así, el avance de la paridad de género se reduce sólo al incremento numérico, pero no logra provocar cambios reales en la sociedad, ya que son los ciudadanos los que eligen a sus representantes; es decir, todo se reduce a la voluntad ciudadana expresada en las urnas.

La apuesta debería hacerse a largo plazo, con políticas públicas integrales que fomenten un cambio en la educación de la sociedad mexicana, con el fin de lograr la igualdad en otros ámbitos de la vida y con ello cambiar posturas. Sin embargo, en vez de ello, se ha optado por la vía rápida para reducir tiempo, pero se debe ser consciente de que no se producen cambios culturales en la sociedad, lo cual es una necesidad en el caso mexicano.

Referencias

Aparicio, J., Céline, G., & Melgoza, H. (10 de noviembre de 2020). ¿Por qué debe haber paridad de género en candidaturas a gubernaturas? Obtenido de https://federalismo.nexos.com.mx/2020/11/por-que-debe-haber-paridad-de-genero-en-candidaturas-a-gubernaturas/comment-page-1/#_ftn3

Avena, A., & Rodríguez, R. (21 de mayo de 2018). El principio de paridad de género y la adopción de acciones afirmativas: ¿corregir o transformar? Obtenido de https://eljuegodelacorte.nexos.com.mx/?p=8409

Gilas, Karolina M., & Pacheco, Alma (2018). Entre cuotas y violencia de género: avances y retrocesos en la participación política de las mujeres en México. Hallazgos, 15(29), 185-205. [Fecha de Consulta 9 de Marzo de 2021]. ISSN: 1794-3841. Disponible en:   https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=4138/413859038009

INE. (09 de marzo de 2021). Evolución normativa en México. Obtenido de Paridad: https://igualdad.ine.mx/paridad/evolucion-normativa-de-la-paridad-de-genero/

Nakamur, L. A. (20 de abril de 2016). Paridad de género en materia electoral en México. Obtenido de http://www.scielo.br/pdf/rinc/v3n1/2359-5639-rinc-03-01-0109.pdf

ONU. (01 de Diciembre de 2018). Participación política de las mujeres a nivel municipal: proceso electoral 2017 – 2018. Obtenido de https://www2.unwomen.org/-/media/field%20office%20mexico/documentos/publicaciones/2019/participacin%20poltica%20de%20las%20mujeres%20a%20nivel%20municipal_proceso%20electoral%202017_2018.pdf?la=es&vs=3303

Naciones Unidas (08 de marzo de 2021). Poder y toma de decisiones. Obtenido de https://worlds-women-2020-data-undesa.hub.arcgis.com/pages/power-and-decision

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