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El racismo invisible en México

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Antecedentes

El racismo es una ideología con bastante arraigo en las sociedades actuales. Su existencia se basa en una creencia básica: los seres humanos se dividen en razas; entre las razas existen jerarquías que determinan la supremacía o subordinación según sea el caso de unas frente a las otras, como sostiene Van Dijk (2005), “el racismo no es innato, sino que se aprende mediante un proceso de adquisición ideológica y práctica”. (Cruz, 2016)

El racismo ha atravesado por “varias etapas” y distintas formas de justificar la inferioridad de unos y la superioridad de otros, dejando implícito su carácter histórico y la enconada búsqueda de los teóricos racistas de argumentaciones “científicas” para mantener las jerarquías étnico-raciales. (Guerrero, 2000) Por ejemplo, primero las diferencias de carácter anatómico debían ser la evidencia de la inferioridad; luego se trató de probar que el tamaño del cerebro de los negros tenía menor volumen que el de los blancos; posteriormente las diferencias se encontraban en su estructura y, finalmente, se acudió a las pruebas de inteligencia, para demostrar las diferencias inherentes a la raza, determinadas desde su perspectiva por el medio y la cultura.

Al igual que otros sistemas de estratificación social, el racismo está gobernado por relaciones de poder y privilegio, que establecen su legitimidad para distribuir recursos con el pretexto de que las diferencias humanas existen. Se expresa como una serie de prácticas diversas, estructurales y sistemáticas de explotación e injusticia que se activan en respuesta a los valores que se adscriben a características físicas racionalizadas que subordinan unos a otros. (Krozer, 2019)

El caso mexicano

En México, el color de piel es un atajo efectivo para ubicar a las personas en la jerarquía social: las personas indígenas (con tonos de piel oscuros) tienen más probabilidad de vivir en pobreza y una probabilidad menor de alcanzar la educación superior  que las personas no indígenas (de pieles claras). El problema del racismo en México permanece porque las diferencias racializadas son tan profundamente normalizadas en todos los niveles de la sociedad que no son conscientes del daño que pueden provocar.

En un contexto como el mexicano, en donde la pobreza y la desigualdad son altas y persistentes, la poca movilidad social respalda a que la sociedad no solo se polarice, sino que sea una altamente estratificada. Sin movilidad social, no importa cuán grandes sean los esfuerzos de quienes nacen en situaciones de mayor desventaja, sus posibilidades de mejora serán limitadas.

Informe Movilidad Social en México 2019

Un reciente estudio presentado por el Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY) indica que la pigmentocracia es el peso que tiene el tono de piel sobre las posibilidades de ascenso social de las personas en cierta región, también determina las oportunidades de movilidad. El informe del CEEY demuestra que la mitad de la desigualdad se explica por la inequidad en las oportunidades. Nacer en el sur, en el norte del país o en una casa con capacidad económica de altos o bajos ingresos, disminuyen las oportunidades de salir adelante.

Cuando las circunstancias delimitan la realización de las personas, fomentan la desigualdad, elementos que se comprueban en los resultados que se han obtenido en México, que de facto no es justa. Este estudio señala que esa desigualdad genera resultados negativos sobre las opciones de productividad y crecimiento económico del país.

La acción del Estado debe concentrarse en ampliar e igualar las oportunidades de las personas para lograr mayor movilidad social. Para alcanzar una situación de justicia, cohesión social y crecimiento económico incluyente, se requiere del diseño de política pública que libere el potencial de toda la población. (Yglesias, 2020)

Para que el conjunto de políticas de bienestar y desarrollo económico se constituyan en mecanismos de igualdad de oportunidades que incrementen la movilidad social, se debe lograr una transformación sostenible y de largo plazo en las condiciones de bienestar de las distintas generaciones de mexicanos. De lo contrario, la exclusión de los beneficios sociales y económicos de una buena parte de la población no será resuelta.

Por mi raza hablará la desigualdad

En estudio realizado por Oxfam México en 2019 nombrado Por mi raza hablará la desigualdad, los autores afirman que México debe detener, a través de políticas públicas las prácticas discriminatorias, así como solucionar las desventajas creadas históricamente por siglos de procesos discriminatorios. (IMCO, 2019)

Con el fin de conocer en qué medida las características étnico-raciales de las personas contribuyen a la desigualdad de oportunidades en México, así como el destino educativo, ocupacional y económico de los mexicanos, Oxfam tomó una muestra de 25 mil casos del Módulo de Movilidad Social Intergeneracional 2016 (MMSI), levantado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) como parte de la Encuesta Nacional de Hogares aplicada a personas entre 25 y 64 años de edad residentes de viviendas particulares.

Los hallazgos principales son:

  • Las personas que pertenecen a grupos étnicos discriminados o con rasgos físicos vinculados a ellos, se enfrentan a la discriminación a lo largo de su vida, además de iniciar sus vidas en situación de desventaja social, resultado de la acumulación histórica de escaseces.
  • La desigualdad asociada con las características étnico-raciales aún existe por la persistencia de prácticas de discriminación en el país.

En el ámbito educativo:

  • El grupo con mayores ventajas es el de mestizos y blancos, con 25.5% de personas que logran estudios superiores. Las personas negras o mulatas únicamente llegan a la educación superior en 12.4% de los casos, y las indígenas en 8.5%.
  • Apenas el 2.7% de las personas con orígenes socioeconómicos familiares de mayor desventaja tuvo la oportunidad de realizar estudios superiores, mientras que aquellos en el cuartil de mayores privilegios contaron con acceso a estudios superiores en un 53.5% de los casos.

En el ámbito ocupacional:

  • El 25.7% de las personas mestizas y blancas alcanzó ocupaciones como empleadoras o en la clase de servicios, frente al 10.4% de las personas indígenas y 13.4% de las personas negras y mulatas.
  • La probabilidad estimada de alcanzar las posiciones de mayor jerarquía (trabajos de servicios y empleadores) es un 38% menor para hombres hablantes de lenguas indígenas y un 68% menor para mujeres hablantes de lenguas indígenas.

En el ámbito de acumulación de riqueza:

  • El porcentaje de personas mestizas o blancas en el nivel económico más alto es del 24.4%, frente a apenas un 6.2% de personas indígenas y 9.5% de personas negras o multas.
  • Las personas con tonos de pieles oscuros tienen una probabilidad estimada un 28% menor para hombres y 45% menor para mujeres de alcanzar el nivel económico más alto, en comparación con personas de tonos de piel claros.

En conclusión, a lo largo de este informe se enfatizó la importancia de utilizar un enfoque de interseccionalidad entre las características étnico-raciales y el género. Por ello, es necesario desarrollar una política antidiscriminatoria y antirracista más agresiva, que identifique y combata las prácticas de discriminación que aún predominan en distintos ámbitos de la vida social, incluidas aquellas que tienen mayores efectos en la desigualdad de oportunidades educativas, laborales y económicas.

Consideraciones finales

El racismo en  México es un problema latente, tan arraigado a la cultura del mexicano que pasa casi desapercibido, se confunde con el clasismo, con los estándares de belleza, con la diferencia entre la “gente bien”.

A pesar de que este fenómeno ocurre en México desde su concepción como nación, es reciente el debate acerca de la discriminación racial y debe enfocarse a una serie de políticas de reconciliación y una cultura de respeto. En nuestro país se usa el tono de piel para ejercer juicios cognitivos sobre las personas y se emplean estereotipos para tratarlas de manera diferenciada, en función de la jerarquía racial socialmente entendida, en la que las personas morenas y con rasgos indígenas o afrodescendientes son maltratadas en formas sutiles, pero que tienden a generar desigualdades.

México como país democrático promete igualdad y movilidad social pero la realidad es que hay obstáculos que permiten que eso no suceda como la discriminación y la segregación. La igualdad es clave para una sociedad razonable y pacífica. Alcanzarla conlleva una responsabilidad para sumar a la lucha de que todos tengamos las mismas oportunidades y derechos. ¿Tú qué harás al respecto?

Referencias bibliográficas

Cruz, S. V. (2016). Racismo y educación en México. Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, 379-407.

Guerrero, A. C. (2000). Antropología y racismo en México. Desacatos no.4, 53-79. Recuperado en 02 de junio de 2020, de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1607-050X2000000200005&lng=es&tlng=es.

IMCO. (septiembre de 02 de 2019). INFORME POR MI RAZA HABLARÁ LA DESIGUALDAD, VÍA OXFAM. Obtenido de https://imco.org.mx/informe-raza-hablara-la-desigualdad-via-oxfam/

Krozer, A. (7 de marzo de 2019). Élites y racismo: el privilegio de ser blanco (en México), o cómo un rico reconoce a otro rico. Obtenido de Nexos: https://economia.nexos.com.mx/?p=2153

Yglesias, C. d. (2019). MOVILIDAD SOCIAL EN MÉXICO 2019. México : CEEY Editorial. Recuperado en 02 de junio de 2020, de https://ceey.org.mx/informe-de-movilidad-social-mexico-2019/

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