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¿El agua es de todos?

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EL pasado 17 de junio la UNESCO  presentó el Informe Mundial sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos  2020 (WWDR, por sus siglas en inglés). Este informe da a conocer el panorama global actual sobre el estado de los recursos de agua dulce del planeta y con ello, crear consciencia a la hora de la toma de decisiones para la implementación de herramientas del uso sostenible de los recursos hídricos, así como de ayudar a las comunidades a enfrentar los desafíos del cambio climático e informar qué ofrece la gestión del agua en términos de adaptación y mitigación[1].

El informe señala que “las consecuencias del cambio climático se producirán en gran parte en las zonas tropicales, donde se halla la mayor parte de los países en vías de desarrollo” (UNESCO, 2020). El uso del agua se ha multiplicado por seis durante los últimos 100 años debido al crecimiento demográfico, al desarrollo económico y a los múltiples patrones de consumo, a su vez el cambio climático se manifiesta en la frecuencia y la magnitud de los fenómenos extremos, tales como: olas de calor, tormentas, marejadas ciclónicas –las inundaciones y las tormentas constituyen casi el 90% de los desastres naturales más graves, (Adikari, 2009)-como consecuencia, la calidad del agua se ve afectada negativamente y los ecosistemas corren peligro.

Actualmente la escasez hídrica afecta  a todos los continentes, el estudio ha demostrado que la escasez material de agua suele ser un fenómeno más estacional que crónico, debido al constante cambio climático y las alteraciones en la disponibilidad estacional de agua a lo largo del año en diferentes lugares (IPCC, 2014a). Se estima que alrededor de 4.000 millones de personas viven en condiciones de escasez material de agua durante al menos 1 mes al año (Mekonnen y Hoekstra, 2016); en México se estima que son aproximadamente 44 millones de personas que no tienen acceso regular al agua (INEGI, 2018). Por lo menos 1.600 millones de personas, es decir, casi un cuarto de la población mundial, sufre restricciones económicas de agua, lo que significa que carece de la infraestructura necesaria para acceder a ella (UN-Water, 2014). Los estudios predicen que la escasez de agua seguirá aumentando en el futuro, por lo que en 2050 el 52% de la población mundial vivirá en regiones que sufran estrés hídrico (UNESCO, 2020). Además de que se calcula que en los últimos 100 años el mundo ha perdido la mitad de sus humedales naturales; el agotamiento y la contaminación del agua son las principales causas de la pérdida de biodiversidad y degradación de los ecosistemas, así como las floraciones de alga nocivas provocadas por el cambio climático, “se prevé que el cambio climático exacerbará el deterioro de la calidad hídrica a causa del aumento de las temperaturas del agua, la menor cantidad de oxígeno disuelto y por consiguiente, la menor capacidad de autodepuración de los depósitos de agua dulce”, (WWDR, 2020).

¿Qué se puede hacer?

El informe destaca que se pueden implementar soluciones basadas en la naturaleza, (SbN) a fin de adaptarse mejor al cambio climático, mejorar la eficiencia y la infraestructura de gestión hídrica, considera que  la inversión en SbN constituye mucho menos del 1% de la inversión en infraestructura de gestión de los recursos hídricos. Pese a que las previsiones sobre la inversión en seguridad hídrica varíen, todas indican que el nivel de inversión debería incrementar significativamente. Las estimaciones globales oscilan entre 6,7 billones de dólares para 2030 y 22,6 billones para 2050, (WWDR, 2020).

Consecuencias:

Si bien en los Objetivos de Desarrollo del Milenio 2000-2015, el 91% de la población mundial utilizaba fuentes mejoradas de agua potable, el 68% contaba con instalaciones de saneamiento mejoradas, sin embargo el número de personas que aún carecen de estos servicios son cifras preocupantes, ya que, de acuerdo con el informe, el uso de agua y saneamiento inadecuado causan por lo menos casi 2 millones de muertes prevenibles en el mundo, así como 123 millones de años vida ajustados por discapacidad, siendo los infantes menores de 5 años quienes más sufren estas consecuencias. Cabe resaltar que la desnutrición será una de las amenazas del cambio climático, “se calcula que con un calentamiento de 2°C, 540–590 millones de personas estarán desnutridas, de las que los jóvenes y los ancianos serán los más afectados”, (WHO, 2018b). Sin mencionar, la multiplicación de la pobreza en al menos 100 millones de personas para 2030. Además que uno de los sectores más afectados será el de la agricultura, ya que la escasez de este recurso no permitirá la cantidad necesaria al regadía,  afectando profundamente los patrones globales de producción alimentos.

Las previsiones que otorga el informe para América Latina y el caribe, son por mucho desalentadoras, debido a la variabilidad climática, afectando a las regiones más vulnerables. La rápida urbanización, el desarrollo económico y las grandes desigualdades. Siendo la pobreza la constante en la mayoría de los países ligado a gobiernos con pésimas estrategias y mal diseño de políticas públicas en pro del cuidado ambiental, que al final terminan beneficiando a algunos con los derechos de todos.

Fuente:

Engin, K., Tran, M., & Connor, R.,(2020), Agua y Cambio Climático, Programa Mundial de la UNESCO de Evaluación de los Recursos Hídricos, consultado en: https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000372876_spa      


[1] Adaptación: parte de una combinación de opciones naturales, de ingeniería y tecnológicas, así como medidas sociales e institucionales para contener el daño o explotar las oportunidades beneficiosas del cambio climático.

Mitigación: incluye actuaciones humanas para reducir las fuentes o mejorar los sumideros de gases de efecto invernadero GHS.

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