Inicio Destacado Coronavirus, la encrucijada

Coronavirus, la encrucijada

84
1
coronavirus en mexico

Por: Nicolás Mejía

En definitiva, la actual contingencia sanitaria ha puesto el acento en la capacidad institucional de los Estados para reaccionar ante un posible escenario de recesión económica conjugado con la necesidad de contención de una pandemia; desde las presiones internacionales para la contención del virus, hasta las diversas demandas sociales en cada país para recuperar la regularidad en el mercado y la vida cotidiana de sus ciudadanos, la aparición del nuevo Coronavirus en el mundo nos ha puesto en una situación incómoda, de pánico, confinamiento y restricción de libertades antes consideradas como normales.   

Y es que en el momento en que empezó a dar circulación mediática a la emergencia sanitaria enfrentada en Asia, específicamente en China, al interior de las sociedades latinoamericanas se veía con escepticismo que la situación escalara a tal punto que nos viéramos afectados a cualquier nivel; el crecimiento exponencial de los contagios y la denominación de “Pandemia” por la Organización Mundial de la Salud (OMS) semanas después de la aparición de los primeros casos en Europa, tomó casi por sorpresa a los aparatos institucionales del hemisferio occidental y, evidentemente, con una capacidad de respuesta de los distintos sistemas de salud del mundo limitada para afrontar la amenaza del covid-19.

En el momento en que aparecen los primeros casos confirmados de contagios por el virus en Latinoamérica, los gobiernos han tomado una serie de medidas y posturas que algunos clasifican como tardías, ineficientes o, desde el otro extremo llegaron a decir exageradas y alarmistas. Lo cierto es que desde que el nuevo coronavirus llegó a países como Estados Unidos, Colombia y Perú —todos casos importados por ciudadanos que recientemente habían estado en Europa— los gobiernos del continente se habían mostrado escépticos al respecto.

A la fecha en la que se redacta este documento, todos los países con casos confirmados de coronavirus han pasado por establecer primero, medidas preventivas que van desde la restricción de la movilidad, prohibición de aglomeraciones de personas a cualquier nivel y hasta restricciones para la compra de enseres básicos, dictaminando horas y días específicos en los que es posible salir al reabastecimiento de los bienes necesarios para la subsistencia. Los gobiernos han optado por declarar Estados de excepción que los dota de poder suficiente para tomar decisiones de emergencia que van más allá del control de las finanzas estatales y hasta personales. En el mundo se han generado paquetes de ayudas económicas a los sectores de la sociedad más pobres y vulnerables, auxilios tributarios y hasta compra de activos y financiación de parte de la nómina de las empresas que lo necesiten. Además, por supuesto del redireccionamiento de los montos necesarios para la adecuación del sistema de salud, necesarios para hacer frente al nuevo virus cuya alta capacidad de contagio pondría en una crisis inimaginable a cualquier sistema de salud. Todas las medidas anteriores y algunas otras, son tomadas por gobiernos amparados en figuras normativas que los posibilitan para dichas decisiones omitiendo la forma regular en la que se aprobarían tales medidas[1].

Reconociendo el acalorado debate sobre el tipo, la pertinencia y la efectividad de las medidas sociales y económicas que los distintos gobiernos están declarando, es necesario decir qué: la mayoría de ellos convienen en que las medidas relacionadas con la restricción a la movilidad, el aislamiento y el distanciamiento social son necesarias para “aplanar la curva de contagios”, que es la variable dependiente para la estabilidad del sistema sanitario y de salud de cada país.

Desde otro lado, uno aún más complejo, las medidas económicas adoptadas se vuelven insuficientes con el pasar del tiempo, la necesidad de una solución real que permita retomar actividades en la economía para alcanzar niveles parciales de normalidad, los costos que se proyectan por “apagar la economía” en el tiempo que dure la pandemia son supremamente altos. Como se ve, son distintos los elementos que pintan un escenario de altísima complejidad.

En el caso colombiano, las pequeñas y medianas empresas representan cerca del 40% del PIB del país, representando el 96% del tejido empresarial, mismas que se han visto afectadas con las medidas de aislamiento adoptadas, la suspensión de sus actividades generaría pérdidas de cerca de 17 millones de empleos. Un país cuya economía es altamente informal, las medidas de contención de la pandemia vía aislamiento social ha tenido un alto impacto a la economía del país y en la vida de millones de ciudadanos que dependen de la circulación de personas para la reventa de sus productos, yendo un poco más allá, otro de los sectores que se ha visto altamente afectado por estas medidas de aislamiento es el transporte terrestre que reconoce que han dejado de percibir cerca de 140,000 millones de pesos colombianos, asimismo, la alta dependencia en la extracción y exportación de hidrocarburos sitúa macroeconómicamente a Colombia en un lugar incómodo frente a los actuales precios del petróleo y la caída en los mercados accionarios importantes a nivel mundial. Como reflejo de lo que se avecina, a hoy, los Estados Unidos han perdido 10 millones de empleos en las últimas dos semanas, al otro lado del atlántico, en España se estima la destrucción de 830,000 empleos[2].

El gobierno colombiano, que en cabeza del presidente Iván Duque Márquez, han dirigido sus acciones durante el estado de emergencia en cinco (5) ejes estratégicos: (1) más recursos para la salud, (2) protección de los más vulnerables, (3) garantía de servicios básicos, (4) protección al empleo y (5) un esquema de alivios financieros para el sector. Se ha seguido un camino regular para la distribución de las ayudas económicas a las personas socialmente más vulnerables, se han redirigido montos a los programas sociales como Jóvenes en Acción, Adulto Mayor y otros similares, además de esfuerzos para la reconexión de servicios básicos a personas que lo tenían suspendido por falta de pago especialmente el agua, beneficiando a cerca de un millón de familias[3].

Concretamente, el paquete de medidas económicas que se están ejecutando han tenido costos que superan los 20 billones de pesos, cerca del 2% del PIB. Si bien son cifras significativas, contrastan con algunos presupuestos de países vecinos como Perú, cuyo gobierno prevé destinar algo más de US$25.000 millones (equivalente a un 12% del PIB del país) para la contención del virus en su territorio[4]. Ahora, si bien el contraste es abrupto, cuanto menos se han tomado decisiones y reorientado el uso de los recursos, sin embargo, las dinámicas propias de un país como Colombia que ha caído en la pandemia poco tiempo después del posicionamiento de las autoridades territoriales, ha entrado en continuas tensiones entre el gobierno nacional y las regiones. No le ha significado tarea fácil al presidente encontrar una respuesta.

Aunque algunas ciudades ya es posible catalogarlas con un “nivel bajo de contagio”, como Bogotá que registra a la fecha 472 casos (47 de ellos hospitalizados y otros 21 en UCI) gracias a las medidas de aislamiento preventivo por parte de los ciudadanos, que al mismo tiempo se hacen interrogantes sobre cuánto tiempo estarán confinados en sus casas, cuándo retornará la normalidad en sus actividades laborales y si podrán soportar económicamente la situación hasta entonces. Por otro lado, la gran pregunta a la que se enfrentan actualmente los gobiernos en un orden de prioridades es ¿cómo actuar y en últimas qué priorizar? visto que la relación se presenta como inversamente proporcional entre economía y contención del contagio vio aislamiento ¿Por cuánto tiempo más deberán mantener el confinamiento para hacer frente a la cadena de contagios, o es posible convivir con un numero constante de contagios por jornadas que nos permita reanudar las actividades económicas necesarias para mantenernos alejados de una crisis generalizada?

En definitiva, la apuesta más segura sería por mantener las medidas de confinamiento progresivo hasta mejorar la capacidad de respuesta del sistema de salud para evitar una tragedia esperando encontrar soluciones en el corto plazo para controlar la enfermedad. Sin vida no hay economía, y sin economía en este mundo no hay quien sobreviva y en este escenario de incertidumbre, lo que sí queda claro es que conforme pasa el tiempo se hacen cada vez más insostenibles los paquetes y auxilios económicos adoptados por los gobiernos latinoamericanos en parte por el desequilibrio en la balanza financiera con altísimos gastos y bajos ingresos tributarios y lo que nos queda es asegurar una población sana lo suficientemente capaz para retomar y levantarse de nuevo, tal vez no construyendo un orden idéntico al anterior. Es posible que de la crisis afloren las oportunidades de cambio y un país como el nuestro asumas antiguos retos y haga de ellos un camino hacia un futuro diferente.


[1] En el caso de países como Colombia, el presidente invocó la figura de Estado de Emergenciaexpuesto en el Art. 215 de la Constitución, que lo avala para tomar decisiones prescindiendo del Congreso de la República para expedir las normas que el ejecutivo considere necesarias para enfrentar la situación.

[2] BBC News Mundo, “Coronavirus en EE.UU. | La pandemia dispara el desempleo: 10 millones en dos semanas, nuevo récord histórico”; BBC, 2 de Abril de 2020  https://www.bbc.com/mundo/noticias-52142353

[3] Referencia tomada de: https://id.presidencia.gov.co/Paginas/prensa/2020/Gobierno-Nacional-medidas-economicas-sociales-Estado-Emergencia-200318.aspx

[4] Referencia tomada de: https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-52104166?fbclid=IwAR1xYZSICqrXIThaP2_UsgykJL6E5a3x78p-UPA98X8nTcgBN1sql_DqkZo

1 COMENTARIO

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí