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Ciudades del futuro-hoy ¿a prueba de pandemias?

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Pedro Alfonso Sandoval Rivero

Las crisis sanitarias de las últimas décadas, el SARS en 2003, la influenza A (H1N1) en 2009 y el nuevo coronavirus (SARS-CoV-2), han dejado muy en claro un hecho evidente, alarmante y que debe ser resuelto lo más pronto posible: la vulnerabilidad en materia de salud pública de las ciudades frente este tipo de amenazas. No solamente en lo que respecta a la capacidad de atención, también en el impacto económico que representa atender a los contagiados; cuando el problema escala a cientos y miles, la capacidad sanitaria y económica de respuesta han sido rebasadas por mucho.

Ya desde 2008 la arquitecta estadounidense Hilary Sample hablaba de un movimiento urbano que podría dar respuesta a esta problemática, las denominadas BioMed City o ciudad biomédica. Lo que busca este movimiento urbano es generar la infraestructura especializada necesaria y los entornos ad hoc para funcionar como línea intermedia de defensa ante eventuales crisis de salud pública. Este proyecto ya se ha planteado en varias ciudades alrededor del mundo, pero son muy pocos los casos que han buscado realmente la implementación de este modelo, el mejor ejemplo de este tipo de ciudad, y con mayor avance, es la ciudad de Admira en Adelaida, Australia del Sur; incluso la misma ciudad de Wuhan donde comenzó la epidemia comparte algunas de las características de este tipo de ciudad.

Para crear esta infraestructura son necesarios el desarrollo de sistemas especializados y centros de investigación que abastezcan y una infraestructura urbana que sirva para unificar todas las líneas del tejido urbano (medios de transporte, vialidades, hospitales, zonas habitacionales, áreas de recreación, etc.). En la ciudad de Admira, por ejemplo, existen dentro de la misma área urbana, universidades, centros de investigación y hospitales que trabajan en conjunto para mejorar las medidas que se puedan tomar y por tanto los resultados. Esto no solo beneficia a los ciudadanos como primer objetivo, garantizando una respuesta más efectiva del sector salud; de igual forma evita una saturación del sistema de salud, porque los planes de acción están elaborados con base en múltiples áreas de investigación de forma interdisciplinarias.

Es claro que la planificación y creación de un sistema urbano de esta envergadura y sobre todo con esta calidad, implica una gran inversión, retomando el ejemplo de la ciudad de Admira, se destinaron 3,600 millones de dólares, lo que refleja un verdadero compromiso del gobierno, la inversión privada en materia de salud y de los ciudadanos. Los beneficios que trae consigo este modelo urbano no quedan restringido solamente a los habitantes de esa área, sino que beneficia a todo un municipio o alcaldía, pues la generación de especialistas y la creación oferta laboral impulsaría la economía local.

Recientemente muchas naciones que ya han establecido las medidas económicas que tomarán frente a los estragos dejados por el coronavirus, contemplan en ellas la mejora de sus sistemas de salud, ya sea con nueva infraestructura, equipo médico especializado o el fomento para la investigación científica contra el virus; y si bien estas medidas atienden de forma inmediata el problema, no podrían ser las únicas en un esquema de planificación urbana de los sectores de salud locales a futuro.

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