La función pedagógica de la política (primera parte)

Mtro. Juan Carlos Villarreal Martínez Director General de CEPLAN

Gaetano Mosca, fue uno de los primeros teóricos en señalar que la sociedad se dividía en dos grandes grupos; uno que gobierna (minoría) y otro gobernado (mayoría), siendo la primera la que monopoliza el poder y todas las ventajas que le acompañan y sostiene que su superioridad proviene tanto de valores morales como de condiciones legales construidos desde la cúspide misma de la jerarquía social, en la que indudablemente la riqueza material resulta un valor fundamental que sostiene todo un andamiaje institucional que bautizó como “la formula política”, que no es otra cosa que las creencias y sentimientos más fuertes que una sociedad entiende como valores jerárquicos y de liderazgo que la clase política opera en su favor. Mosca estudio el fenómeno a finales del siglo 19 y desde entonces advertía que la perversión de estos grupos minoritarios iniciaba con la concentración en pocas manos que abusaban del rol hereditario del poder.

Lo anterior viene a colación por lo que a diario vemos en las notas periodísticas del Valle de Toluca, en las que un día si y otro también aparecen fotos sonrientes de los nuevos herederos de la fuerza económica y política de sus padres, “los Mirreyes” como los bautizo Ricardo Raphael en el libro homónimo. Ya Mosca señalaba que esos herederos gozaban de “la inercia de los privilegios” y todos nosotros sabemos que tal circunstancia sigue estando presente aun hoy en día.

He tomado este ejemplo para advertir un fenómeno mayor en el que lo antes descrito apenas sirve de marco de referencia. Efectivamente, en las últimas semanas nos hemos enterado que el alcalde de Calimaya viaja en jet privado; que los miembros de varios ayuntamientos cobrarán más que lo que la Cámara fijo como tope salarial; que se inauguran obras prometidas por alcaldes salientes en plazos verdaderamente desfasados y claramente con recursos federales; que programas estrellas son ocurrencias costosas para las arcas municipales como el sistema de bicicletas Huizi en Toluca; paisanos que derrochan gastos en viajes oficiales por Inglaterra “pues no todos los días podemos comer en el Harrods”; arbitrarios dueños de medios que mandan a golpear a funcionarios en la capital del país, en fin, ya será en otra ocasión que haga una puntual cita de muchos más ejemplos que ponen de relieve el fenómeno que ahora quiero compartir con ustedes. Cuál es el papel pedagógico que tienen estas deleznables conductas en la construcción de ciudadanía o más simplemente cómo influyen este tipo de atavismos políticos (practicados por todos los signos partidarios, vale decir) no sólo en el ánimo popular, sino en construcción de antivalores sociales replicados en frases como: “si a ellos no les pasa nada…”

Los políticos, como un grupo minoritario con poder y capacidad de organización para mandar al resto de la sociedad, pueden abusar del poder sin castigo alguno? Pues parece que si, al menos así lo identificó la reconocida María Amparo Casar hace unos días al señalar ante todos los grupos parlamentarios de la Cámara de Diputados que: “los partidos con mayores niveles de rechazo son los más votados. Si el elector en su conjunto no traduce el rechazo en castigo en las urnas, los partidos y sus candidatos pueden ignorar su descrédito y seguir con el bussines as usual. La segunda causa…es que ni el propio partido ni, increíblemente, el adversario castigan las conductas impropias del otro….en otras palabras a todos les resulto rentable la corrupción…la última causa la encuentro en que a diferencia de otros países el malestar, el hartazgo y la indignación no se han traducido en grandes marchas, concentraciones o revueltas contra los partidos tradicionales o contra el gobierno…”, dicho en el marco de las discusiones para una de las reformas más importantes para terminar delimitando el Sistema Nacional de Anticorrupción, parece no haber causado mucho impacto entre quienes asistieron a tan singular dialogo.

Comparto plenamente el diagnostico y sobre las implicaciones del mismo me ocupare en una segunda colaboración. Mientras tanto, dejo asentado que justo han sido las conductas de nuestras élites gobernantes las que se han encargado de desprestigiar a la política nacional. Parece un tema menor en la cargada agenda electoral de este año y los prolegómenos de la sucesión presidencial del 2018, que justo tendrá a nuestra clase política local sujeta a un  embate igual o mayor a lo que ya se observa para denigrar a los políticos del estado en la inminente sucesión gubernamental del 2017, que por lo demás no se dejan ayudar y a diario se exhiben conductas que si bien se replican en todo el país y en todos los partidos, se exacerban en los políticos mexiquenses que serán a no dudarlo, los enemigos a vencer en los próximos meses.