Los retos de Fernando Zamora.

Mtro. Juan Carlos Villarreal Martínez.

Director General de CEPLAN

El arranque de las administraciones municipales en el Estado de México tiene un común denominador: resultan caóticas en la información y previsibles en lo político. Sobre el primer tópico, como he dado cuenta en este mismo espacio, los ayuntamientos incumplen con la disposición constitucional de máxima publicidad y garantía de acceso a la información y como lo he señalado puede ser por ignorancia en la materia o franca indiferencia, producto de una cultura política proclive más al aplauso fácil que a la rendición de cuentas. Resultan previsibles en lo político porque todos se ocupan de su programa de los famosos 100 días, que resulta una prolongación de la campaña y una especie de catarsis social en donde reciben peticiones, critican a los que se fueron y juran que ellos lo harán mejor. En los próximos tres meses, los Ayuntamientos tendrán que elegir a delegados y autoridades auxiliares, elaborar su Plan Municipal de Desarrollo y aprobar una serie de instrumentos normativos entre los que destaca el Bando Municipal, por lo que en estos momentos priva una combinación de improvisación, cambios cosméticos, aprendizaje administrativo bajo ensayo-error y pago de cuotas. Sin embargo, no se puede generalizar y habrá quien tenga una mejor disposición para cumplir con el encargo, confió en que Fernando Zamora, Alcalde de Toluca, sea uno de ellos. Por el momento es prematuro calificar su administración, por lo que quiero compartir con ustedes algunos parámetros para acercarnos a la problemática en cuestión: ¿cómo podríamos medir o comparar el desempeño en Toluca? ¿Cuáles serían los indicadores más relevantes? Naturalmente cada quien tiene los propios, así es de que empezaré con una imagen objetivo: ¿nuestra ciudad capital se corresponde con la importancia política y económica con otras de similares condiciones? Veamos. Por población, con base en los datos INEGI del censo oficial del 2010, nuestra ciudad capital es similar a Querétaro y Aguascalientes, las tres rondan en promedio con ochocientos mil habitantes, pero menos que la población en Puebla y Guadalajara, capitales que rondan en el millón cuatrocientos mil habitantes; sin embargo, en términos presupuestales Toluca supera significativamente a las primera dos capitales en cerca del 80%, cosas de Hacienda: misma población y todas son capitales, pero nuestra ciudad tiene más presupuesto, porque en cuestión de dinero nos parecemos más a Puebla y Guadalajara. En la capital mexiquense tendremos un presupuesto de $4,959,161,174.00 mientras que Puebla $4,186,961,234.00 y Guadalajara tiene $5,228,510,292.72. Entonces, primera imagen objetivo: ¿a cuál de estas cuatro ciudades capitales nos parecemos más en términos de desarrollo? Sí, tienen razón, a ninguna. Toluca mantiene un notable atraso en ese sentido, a pesar de tener más presupuesto que dos de ellas y mucho menos población que las otras dos, no somos una ciudad mejor a las otras. No es un tema de dinero, creo yo, es simplemente de estrategias de desarrollo y políticas públicas, tanto de los gobiernos estatales que deciden qué tipo de capital quieren tener como de la pericia de los propios alcaldes para impulsar a sus ciudades hacia la propuesta que ofertaron en campaña. Quien lee estas líneas podrá o no coincidir conmigo, por lo que ofrezco otros datos que alejarán cualquier duda al respecto: el Índice de Desarrollo Humano (IDH) y el Índice de Competitividad, el primero realizado como un estándar internacional reconocido por la ONU y el segundo, una propuesta metodológica que el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) ha establecido desde hace más de una década, en ninguno de los casos sus datos están a debate político, son datos duros aceptados por todos, lo mismo académicos, que políticos y gobierno. En estos tópicos de nuevo salimos muy mal parados, tanto en el IDH como en el IC, Toluca ocupa el último lugar en estas cinco ciudades seleccionadas. Como toluqueño, claro que no es un tema que me agrade y más allá de posiciones partidarias o emocionales, se trata de datos duros que me permiten inferir que mi ciudad vive un atraso muy significativo, y algo no estamos haciendo bien. Con esos datos duros, ahora tengo más elementos de juicio como ciudadano para exigir de mis autoridades un desempeño profesional en sus tareas, porque seguro no ganan menos que sus pares de los municipios analizados para esta entrega. Me parece, entonces, que las interrogantes que formulé al principio, podrían complementarse ahora: ¿cuáles son los indicadores con los que pretendemos mejorar el desarrollo de esta ciudad capital? ¿Cuáles son los objetivos estratégicos de la presente administración? ¿A qué se comprometen específicamente? y ¿cómo podemos evaluarlos nosotros los ciudadanos? Dije que confiaba en Fernando Zamora, pues luchó bastante para ocupar este cargo y sé que se esforzó para ganar contra todos los pronósticos de sus adversarios e incluso algunos compañeros de partido y si realmente quiere trascender dejando atrás las visiones patrimonialistas en las administraciones de esta ciudad, debe ofrecer un cambio sustantivo, alejándose definitivamente de las tentaciones del estilo de gobierno superfluo lleno de ocurrencias y ausente de diseño institucional estratégico, que han caracterizado a los ayuntamientos de la ciudad en al menos los últimos 20 años. No sé qué piense nuestro alcalde de esta información que hoy comparto con ustedes e ignoro si lea esta colaboración, pero una cosa es cierta, como ciudadano aporto elementos de análisis que espero permitan generar cierta opinión pública. En las próximas semanas podremos vislumbrar qué tipo de político será Fernando Zamora, por el momento el profesor tiene todo a su favor: dinero, popularidad y bajas expectativas. Puede colocar su impronta con honestidad y humildad frente al encargo, para seguir ganando elecciones o repetir, ser un político pragmático que solo piense en su próximo encargo, en poco tiempo lo sabremos.